¿Son confiables los evangelios? 2

(Esta entrada constara de varias preguntas acerca de la confiabilidad de los evangelios y las respuestas dadas por un profesional en el tema. Aclaro que las preguntas y respuestas no son citadas palabra por palabra con la intención de no hacer una copia directa del libro)

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Dr. Craig Blumberg. Parte 2

<<Parte 1>>

¿Tenemos alguna razón para pensar que los apóstoles estaban interesados en registrar lo que realmente ocurrio?

Si, las tenemos. En el evangelio de Lucas, podemos ver una introducción que recuerda a las obras históricas y biográficas que generalmente son confiables:

“Muchos han intentado hacer un relato de las cosas que se han cumplido entre nosotros, tal y como nos las transmitieron los que desde el principio fueron testigos presenciales y servidores de la palabra. Por lo tanto, yo también, excelentísimo Teófilo, habiendo investigado todo esto con esmero desde su origen, he decidido escribírtelo ordenadamente, para que llegues a tener plena seguridad de lo que te enseñaron.”

Lucas 1:1-4

La intención de Lucas es bastante clara en el texto anterior. El investigo con diligencia a fin de transmitir información precisa y segura.

Los otros evangelios no comienzan de la misma manera, con una declaración explicita, como la de Lucas, sin embargo, los otros evangelios se asemejan tanto en materia de genero (y en el relato) a Lucas, que podemos inferir sin problemas que los otros autores estaban registrando lo que realmente había ocurrido.

Por otro lado, hay evidencia implícita que apoya la idea de que los autores estaban interesados en registrar lo ocurrido. Simplemente evaluemos la forma en la que están escritos los evangelios: Con seriedad, responsabilidad, con detalles incidentales precisos, con esmero, exactitud, incluyendo detalles vergonzosos de los apóstoles o del mismo Cristo (lo cual ser ía poco probable que hubieran hecho de estarse inventando el texto o seleccionando al gusto que escribir), etc.

Algunos críticos argumentan que los apóstoles y los primeros cristianos en general, creían que Jesús regresaría pronto y pondría fin al mundo, por ello, no registraron con mucho esmero lo sucedido durante la vida de Jesús ¿Para qué, si en cualquier momento Jesús viene y todo acabara?

Primero, la premisa es bastante exagerada, pues la mayoría de las enseñanzas de Jesús presuponen un importante transcurso de tiempo antes de su regreso.

Segundo, debemos fijarnos en el contexto cultural de la época. Durante ocho siglos, los judíos vivieron bajo la tensión de los repetidos pronunciamientos de los profetas que hablaban de la cercanía del día del señor y aun así, los judíos registraron, valoraron y preservaron con dedicación las palabras de sus profetas, por considerarlas valiosas al ser mensajes de Dios. Ahora, considerando que los seguidores de Jesús miraban a este como alguien superior a un profeta (El Mesías prometido) y teniendo en cuenta el contexto cultural, se vuelve razonable suponer que lo contrario al planteamiento de los críticos es cierto, es decir, los seguidores de Jesús preservaron con esmero las palabras e historia de Cristo, por su valor como mensaje de Dios.

Hay quienes argumentan que los cristianos primitivos creían que Jesús estaba hablando a través de ellos por medio de profecías y que dichos mensajes se consideraban con la misma autoridad y validez que las palabras de Jesús cuando estaba en la tierra, por tanto, al escribir los evangelios, se mezclaron ambos materiales, las palabras de Jesús en la tierra y la de las personas que clamaban profetizar en nombre de Jesús, resultando entonces en la incapacidad de distinguir entre lo que dijo Jesús y lo que dijeron en la iglesia primitiva a traves de profecías.

Ese argumento cuenta con poco respaldo histórico, de hecho, podemos encontrar ejemplos de lo contrario en el nuevo testamento. Hay varios casos en donde se hace referencia a la profecía en la iglesia cristiana primitiva, pero diferenciándose claramente de las palabras de Jesús en la tierra. Por ejemplo, Pablo hace una clara distinción cuando él tiene la palabra de Dios y cuando está citando a Jesús (1 Corintios 7 como ejemplo).

Como segundo punto, Pablo en 1 Corintios 14 menciona el criterio para la verdadera profecía, en donde la iglesia local debe probar a los profetas. Los judíos probaban a los profetas viendo si sus predicciones se cumplían y si sus palabras guardaban coherencia con lo revelado anteriormente. Si uno de los dos criterios no se cumple, la profecía se consideraba anatema. Lo anterior aseguraba que ninguna profecía posterior a Jesús podría ir en contra de sus enseñanzas, pues debida guardar coherencia con lo enseñado por él, y claro, cumplirse.

Sin embargo, el argumento más fuerte se encuentra en las controversias que enfrento la iglesia primitiva: Si los nuevos creyentes debían circuncidarse, como se debía regular el don de lenguas, que papel ocupaban las mujeres en el ministerio, etc. Todas estas controversias se podrían haber resuelto fácilmente utilizando las palabras de Jesús dichas por profetas para interpretar la escritura de la forma más cómoda posible, sin embargo, jamás se hizo eso, sino que estos conflictos se prolongaban, lo que demuestra el interés de los cristianos en distinguir entre lo que Jesús realmente enseño y en lo que surgió en la iglesia posteriormente por medio de visiones y profecías.

 ¿Existen razones para confiar en que fueron bien preservadas las enseñanzas y la información sobre la vida de Jesús hasta la fecha en que fueron escritos los evangelios?

Si, las hay.

Recordemos que en aquella época no se habían inventado las computadores, ni la imprenta, y “los libros” (papiros), eran muy escasos, por lo que la educación, el aprendizaje, los relatos, las lecciones, etc. Se transmitían de manera oral.

Los rabinos eran famosos por haber memorizado todo el antiguo testamento, así que la capacidad de los discípulos de Jesús bien podría haber comprendido el memorizar todo lo que se encuentra en los evangelios y más.

Ahora, actualmente una capacidad de memorización así parece increíble, pero tenemos que situarnos en el contexto histórico. Aquella cultura, a diferencia de la nuestra, era una cultura de transmisión oral que hacia un énfasis bastante pronunciado en la memorización (su forma de vida lo pedía). Del otro lado, el ochenta o noventa por ciento de las palabras de Cristo estaban escritas de forma poética, es decir, tenían métrica, frases equilibradas, paralelismos, etc. Y esto debe haber sido una gran ayuda para la memoria.

Otra cosa a tomar en cuenta es que la palabra memorización era más flexible en aquella cultura que en la nuestra. Al contar un relato, se tenía la libertad de decidir cuánto contar en una situación determinada: que se incluye, que se omite, que se parafrasea, etc.  Sin embargo, siempre habían puntos determinados que eran inalterables y la comunidad intervenía y corregía al narrador si erraba en esos puntos importantes de la historia. Por ejemplo, en los evangelios vemos que Mateo nos dice que fueron dos mujeres las que encontraron la tumba vacía, Marcos nos dice que fueron tres mujeres las que encontraron la tumba vacía, Lucas menciona que un número indeterminado de mujeres encontraron la tumba vacía. Varían el número de mujeres, pero nunca cambia el hecho de que hay una tumba vacía y fueron mujeres las que la hallaron. Esto es un ejemplo de la licencia que se permitían para narrar, en donde ciertos puntos importantes son inalterables, pero otros pueden variar.

De hecho, las similitudes y diferencias que encontramos entre los evangelios (y que algunos críticos llaman contradicciones), se resuelven en gran parte tomando estos datos propios del contexto histórico en cuenta. Se entiende que los discípulos y otros cristianos memorizaron mucho de lo que Jesús hizo y dijo, pero se sintieron en la libertad de relatar las cosas de formas distintas, siempre preservando las partes importantes, lo relevante, el núcleo del relato.

Pero ¿Eso no sería como el juego del secreto (el teléfono descompuesto)? Sería como en el juego, en donde la primera persona pasa un mensaje en susurro al que tiene a un lado, este se lo pasa al que sigue y así sucesivamente hasta llegar con la última persona que terminara dándonos un mensaje diferente al original. ¿Acaso no es una buena analogía?

En realidad no es una buena analogía. La razón es esta:

En el juego del secreto el mensaje se dice en susurros y la persona que recibió el mensaje, no puede pedir que se lo repitan, por lo que lo poco que haya comprendido lo tendrá que pasar al que sigue.

En la tradición oral, los mensajes se dicen en voz alta (en los evangelios de hecho, se nos dice que predicaban a multitudes) y a diferencia del juego del secreto, se podría preguntar las veces necesarias si lo que se estaba diciendo era correcto. A esto sumar que si otras personas que conocían también la narración le escuchaban, el narrador seria corregido a fin de no desvirtuar el sentido de la historia. Por lo que para nada es igual, es completamente distinto de hecho.

¿Existe alguna razón para pensar que la capacidad o disposición de los apóstoles para transmitir correctamente la historia estaría mermada por inmoralidad o deshonestidad?

No tenemos evidencia que nos indique que no fueron otra cosa que gente de integridad.

Ellos eran seguidores de un hombre que los llamo a un exigente nivel de integridad como el que ninguna religión ha conocido jamás. Enseñaron y esparcieron las enseñanzas de este hombre por todos lados, al punto en que 10 de los 11 discípulos que quedaban, sufrieron muertes espantosas por sostener sus creencias aun en contra de una inmensa oposición, lo cual demuestra un gran compromiso y carácter.

¿Cómo puede alguien confiar en los evangelios, cuando claramente encontramos contradicciones en él?

Cuando uno tiene en cuenta varios elementos como las paráfrasis, abreviaciones, adiciones explicativas, selección, omision, contexto cultural, etc. Los evangelios resultan muy consecuentes entre si según las normas del mundo antiguo, que son las únicas normas con las que sería justo evaluar los evangelios.

De hecho, irónicamente, si los evangelios fueran idénticos entre sí, la gente diría que no sirven como testimonios independientes y que los autores se pusieron de acuerdo o conspiraron para repetir las mismas cosas como loros.

Pero hay contradicciones que parecen ser irresolubles, por ejemplo, Mateo dice que un centurión fue en persona a ver a Jesús para pedirle que curara a su siervo y Lucas dice que el centurión mando a los ancianos. ¿Acaso no es una contradicción total?

Por supuesto que no es una contradicción. Veámoslo de este modo, actualmente, podríamos escuchar una noticia que diga “Hoy el presidente comunico…”, cuando el mensaje probablemente fue escrito por un escritor de discursos y leído por el secretario de prensa y aun así, nadie acusaría a quien transmita así la noticia de haber incurrido en un error.

De la misma forma en el mundo antiguo se entendía que a veces se atribuían acciones a una persona cuando en realidad estas fueron realizadas por medio de sus subordinados o por medio de mensajeros, en este caso, por medio de los ancianos del pueblo judío. Por tanto, Mateo y Lucas estarían diciendo ambos la verdad.

Recordemos también lo dicho anteriormente, en aquella época se tenía la licencia de variar el texto, pero sin alterar los detalles relevantes de la historia, en este caso, un centurión pidiendo a Cristo que sane a su siervo. Sumemos a esto el hecho de que ver variaciones nos demuestra que estos son testimonios independientes.

Muy bien ¿Pero qué sucede con Marcos y Lucas cuando dicen que Jesús mando a unos demonios a un grupo de cerdos en Gerasa, mientras que Mateo dice que fue en Gadara? Son lugares muy diferentes, así que es una contradicción total.

Bueno, no es una contradicción total, pues uno es un pueblo y el otro es una provincia.

No es tan fácil como eso. Gerasa, el pueblo, no estaba cerca del Mar de Galilea (Gadara si), sin embargo, es allí donde supuestamente los demonios que entraron en los cerdos, ahogaron a estos al hacerlos tirarse de un despeñadero.

Es verdad, pero se han excavado las ruinas de un pueblo que se encuentra en el punto justo de la costa este del mar de Galilea. La forma inglesa se pronuncia “Khersa”, pero como palabra hebrea traducida al griego, podría haber dado como resultado el sonido “Gerasa”. Así que bien pudo ser en el pueblo de “Khersa”, que en escritura griega seria Gerasa, en la provincia de Gadara.

Muy bien ¿Pero qué hay de las genealogías de Jesús en Mateo y Lucas? Son diferentes, lo cual demuestra una clara contradicción.

No necesariamente. Considere las siguientes opciones:

Mateo refleja el linaje de José porque la mayor parte del primer capítulo se narra desde la perspectiva de José, y como padre adoptivo, habría sido el ancestro legal mediante el cual se trazaría el linaje real de Cristo. Para Mateo estos eran temas importantes. Lucas del otro lado, habría trazado el linaje desde la perspectiva de María, y como ambos son linaje de David, una vez retrocedido bastante, las líneas convergen.

Una segunda opción es que ambas genealogías reflejan el linaje de José para establecer las condiciones legales necesarias.  Pero uno es el linaje humano de José, el de Lucas y el otro el linaje legal de José, el de Mateo. Ambos divergen en los puntos en los que alguien de la línea no tuvo descendientes directos. Tenían que conseguir herederos legales a través de varias prácticas del Antiguo Testamento.

El problema se hace mayor porque algunos nombres se omiten, lo cual era perfectamente admisible según las normas del mundo antiguo. Y hay variantes textuales, nombres, que al traducirse de una lengua a la otra, a menudo se deletreaban distinto y entonces se confundían fácilmente con el nombre de otra persona diferente.

Así que no es una clara contradicción, pues hay explicaciones perfectamente racionales y acordes al contexto histórico. Por último, sobre este tema, el mejor enfoque global seria analizar cada caso de forma individual para ver si hay una manera racional de resolver los aparentes conflictos en el evangelio y por cierto, hay mucho material académico sobre el tema, en donde muchas veces se analizan completamente, hasta el más mínimo detalle, el cómo resolver esos problemas. Por ejemplo: Archer, Gleason L., The Encyclopedia of Bible Difficulties [Enciclopedia de Dificultades Bíblicas l, Zondervan, Grand Rapids,1982]

Los apóstoles amaban a Jesús, no eran observadores neutrales, sino sus devotos seguidores. ¿Acaso eso no haría que cambiaran algunas cosas para que se viera bien?

Es posible, sin embargo, no encuentro ninguna razón para pensar que fue así, pero si encuentro razones para pensar que no fue así.

Debemos recordar que los discípulos de Cristo no tenían absolutamente nada que ganar excepto ostracismo, criticas, persecución, muerte, etc. (al menos nada material). Eso habría generado presión para callarse, negar a Cristo, incluso olvidar que lo conocieron (o por lo menos modificar las historia para no ser tratados mal). Sin embargo, es lo contrario lo que encontramos, pues debido a su integridad proclamaron lo que vieron aun cuando esto los llevo a sufrir y morir.

¿Cómo sabemos que los apóstoles no ocultaron información o encubrieron cosas que habrían sido vergonzosas o peligrosas para su movimiento?

Porque los evangelios nos muestran lo contrario, pues incluyeron material embarazoso o complicado de explicar que habría sido mejor sacar si hubieran decidido maquillar sus testimonios.

Como ejemplos:

En Marcos 6:5 está escrito que Jesús realizo pocos milagros en Nazaret porque la gente allí tenía poca fe, lo que parece limitar el poder de Jesús.

En Marcos 13:32 Jesús dice no conocer ni el dia ni la hora de su regreso, lo que parece limitar su conocimiento.

En la cruz Jesús clamo: “Dios mío, Dios mío ¿Por qué me has abandonado?” palabras duras y difíciles de explicar en el cristianismo.

En Lucas 22:42 Jesús clama al Padre pidiéndole que pasara de el esa copa (es decir, el sufrimiento que se aproximada con la aprehensión, golpes y crucifixión), lo cual parece indicar que tenía miedo.

A Pedro, el cabecilla del grupo después de que Jesús se fue, tampoco le va muy bien en los evangelios. Cristo le llama hombre de poca fe en Mateo 14:31, en otra ocasión le reprendió diciéndole “Apártate de mí, satanás, no me seas piedra de tropiezo” en Marcos 8:33 y a esto sumemos que la Biblia nos relata que Pedro negó tres veces a Cristo.

Juan y Jacobo en otra ocasión pidieron tener los lugares a la derecha e izquierda de Cristo, en su reino, y este tiene que enseñarles una dura lección sobre el liderazgo de siervos.

En fin, hay mucho más material difícil de explicar y que resulta embarazoso para Cristo o los apóstoles en los evangelios. Esto es a favor de la autenticidad del escrito, pues es más probable que un escrito falso o maquillado, omitirá detalles como estos.

Cuando los evangelios mencionan lugares, personas o hechos ¿Resultan ser correctos en los casos en que se pueden verificar independientemente?

Si, lo son, y cuanto más se explora esto, más se confirman los detalles. En los últimos cien años, la arqueología ha hecho descubrimientos que confirman referencias específicas en los evangelios.

Ahora bien, aún hay algunas cuestiones sin resolver y en ocasiones la arqueología genera nuevos problemas, pero son minoría en comparación de las corroboraciones que ha hecho.

Además, podemos saber a través de fuentes no cristianas un montón de hechos acerca de Jesús que corroboran enseñanzas claves y sucesos de su vida. Y cuando uno se detiene a pensar que los historiadores antiguos se ocupaban principalmente solo de líderes políticos, emperadores, reyes, batallas militares, figuras religiosas oficiales, y grandes movimientos filosóficos, es notable cuánto podemos aprender acerca de Jesús y sus seguidores aunque ninguno encajaban dentro de esas categorías al tiempo en que estos historiadores escribían.

¿Y qué hay de los detractores del cristianismo o de Jesús? ¿Acaso ellos no dan testimonio de que los evangelios dicen falsedades?

Mucha gente tenía razones para querer desmantelar este movimiento joven y lo hubieran hecho de haber podido. Sin embargo, miremos lo que los opositores si dijeron. En escritos posteriores de los judíos, se menciona a Jesucristo como un hechicero que hizo errar al pueblo de Israel, lo cual corrobora que Cristo hizo milagros, aunque ellos cuestionen la fuente de su poder.

Esta hubiera sido oportunidad para negar los supuestos milagros de Cristo, sin embargo, eso es lo que no hacen, al contrario, reconocen de forma implícita que lo dicho en los evangelios es cierto, Cristo realizaba maravillas.

¿Acaso el cristianismo podría haberse arraigado en Jerusalén, el lugar donde Cristo desarrollo su ministerio, donde fue crucificado, enterrado y donde resucito, si la gente que lo conoció y vivió todas estas cosas se hubieran dando cuenta que los cristianos estaban exagerando o distorsionando los hechos? Muy difícilmente, en especial considerando que tenían a los judíos en contra, listos para señalar todo error que saliera de la boca de los cristianos. Si los críticos pudieran haber atacado al cristianismo desde la base de que estaba plagado de falsedades y distorsiones, lo habrían hecho.

Sin embargo, eso es exactamente lo que no se ve.

Fuente: Strobel, Lee. El caso de Cristo. Miami, Florida : Editorial Vida, 2000.

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